sábado, 1 de julio de 2023

La escritura académica de «Los ventrílocuos»

 

«No se investiga leyendo libros,

se investiga citándolos,

lo que citamos ya investigó por nosotros»

"El que cita le hace de ventrílocuo a los extraños de los libros"


 

(Battilana 2023)

 

 

 

 

sábado, 20 de marzo de 2021

El diccionario del insecto

 

Hay palabras que no son palabras, no lo son, lo sé. Lo fueron antes cuando algunas de ellas se resistieron a la servidumbre de resignificar forzadas, a mentir propositos, a igualarse con lo hueco. Y se agazapan miméticas; se dejan pronunciar siendo sólo de aire. No son de esa materia que ovillaba los dedos del alivio, una materia que antes nos dejaba hacer palabras humanas. No pueden ser palabras esas que rebotan u ordenan por sí solas a las demás a significados aislados de la vida. Nombrar lo que no existe, hablarle a la deriva de los hombres, no es poesía vulnerable de misterio, no, es mandar al aire a engañar a la gente prendida de lo insustancial. No debería haber palabras que engañen por sí solas, esas no son humanas ni palabra es cosa que obedece al aire. Si son usadas sin misterio, despojadas de la penuria y de la maldad, las palabras representarán la ausencia del humano, la presencia inequívoca del insecto que vive de lo verosímil porque el insecto demanda su propio diccionario.

 

 

DanielBattilana




lunes, 22 de febrero de 2021

El cattivo coro o el pensamiento galleta: duro por fuera hueco por dentro.

 ¿Quién es este raptor que amordaza con culpa tu capacidad para generalizar? nadie te puede negar la naturalidad de que estructurés tu criterio u opinión partiendo de los universales (me refiero a los que aparecen en tus deseos, no en los deseos de los nominalistas), ya vas a tener tiempo de pormenorizar, eso sí, dejá lugar para pormenorizar mucho, ese será tu argumento. 

El reduccionismo que se necesita es el de hilar fino, poné todo en el cedazo y fijate si la sombra dialoga con la pregunta, es más sensato desechar una interrogación que aislar una sombra. Ah, si no hay preguntas no tendrás cedazo, si no hay riqueza no habrá sombras. El cattivo coro, cattivo coro de siempre.

¿Querés hacer juicios arbitrarios? dale, no recojás un miedo que no te pertenece; a priori y a posteriori son los órdenes que deberás presentar con tanta prolijidad que el ser de la especificidad creado por los necios, omitirá y omitirá para poder reñir con tus ideas, si las hay. Para ser arbitrario, ya que te incomunicará el serlo, los contenidos deben parecer inteligentes desde adentro y no sólo estar dispuestos con arte, con arte del afuera.
¿Querés categorizar? hacelo, está de moda no hacerlo, está de moda no usar la mente para muchas cosas pues hay que reservarla para los entretenimientos visuales; han logrado que la mente parpadee y el ojo bostece. No te demorés conectando igualdad, se trata de conectar desigualdades, no de hacer pilas semejantes. Establecé categorías que puedan discriminar con acierto cosas entre las cosas, una cosa: categorizar requiere de mucha astucia, hay que tener práctica y relación directa con el atributo de las cosas y de las personas, de lo contrario te dirán que por ejemplo: "no vemos el valor agregado de tu idea", fijate bien, lo que no quieren ver es cómo desagregaste capas de sus ideologías, éstas están por todas partes son los sucedáneos del valor y cuando no provienen de la subjetividad de un solo sujeto suelen aislar la subjetividad de grandes colectivos humanos, colectivos ya visuales. Yo te diría que pensar no existe, dejo esta esperanza para otra vez, pero inferir sí puede convertirnos en una especie de “ataja No” los no no atraviesan el cedazo por lo tanto hay que atreverse a pensar en términos prohibidos y rotos (los conceptos sanos existen cuando responden al menos tres preguntas que se les formule) Es arriesgado suponer que alguien pueda distinguir lo sano de lo roto, alguien que, por ejemplo, suponga que alguna vez pensó. Lo que tratan de hacer es que dispongas herramientas leves para comer alimentos magros, todo es denso alrededor ¡mejor una imagen! ¿Necesitás herramientas? Detestar es una apropiada auque ninguna supera al escepticismo para la lisis. Lo crudo puede hacer lo cocido, lo cocido produce cocido.
¿Necesitás separar la cosas? Eso se llamaba segregar, es un problema cuando una ideología te escamotea la palabra y a la vez lo táctico de ella. Vos segregá tranquilo, pero no descuidés el raspar los contenidos, rozalos con tu piel de tiburón a ver si sangran; enfrentarlos de abajo para arriba requiere de mucha energía, hay que vencer las entropías de lo exosensible y de las artísticas crotas. 
La insectificación del hombre por el hombre no es igual a la insectificación del hombre por la palabra ¿Ya te hablé de la insectificación de hombre por la imagen?
¿Qué sería jerarquizar ahora? ¿una especie de maldad social? Te preguntaste ¿a quiénes no beneficia un pensamiento jerarquizante? Vos no debés establecer jerarquías pero las estructuras del poder se basan en ellas. Si resignás este aspecto de la potencia crítica estás ejerciendo algún derecho (yo diría: otro derecho artificial) como por ejemplo la misericordia intelectual. Sería muy difícil el convencerme de que poseo algún derecho que no parezca obligaciones nuevas, también hay obligaciones viejas que han sido recategorizadas. Para que no escribas silencio, más silencio del que se escribe, debés encontrarle la y las relevancias a los significados, me ha dicho un creyente: yo los significados los busco en el diccionario; los diccionarios como las bibliotecas son cementerios uno de palabras y el otro de libros. El cattivo coro, cattivo coro de siempre. ¿Te dije que el Ser dispone de una membrana piadosa que le informa nociones? Que el valor crea ismos.
El texto que me enviaste lo pude romper todo, lo inquirí con tantos fenómenos y relaciones que sus fragmentos respondieron por vos, no por mí. Pero un texto que no se rompe... coadunado y elastizado por la corpuscularidad de la palabra, eso no es texto en papel sino piel sobada, esta piel no se rompe, esta piel hace reír.
Soñé hace poco que la evidencia es apodíctica, y me creo. Lo que no concurso dentro de mí es mi método de la aclaración, me parece que se trata de cómo mi padre amaba las bicicletas.
Hay mucha indagación y sorpresa culta sobre cuestiones de la “referencialidad” parece ser que estas son cuestiones entre ombligos que no discretan, (los ombligos son orificios conjugados que funcionan en una única posición) suelen venir adornadas de hastío y desdén, pues claro es que tenerse a uno frente a los demás... será con o sin este ombligo que nada puede de discreciones. Aquí me referencio y pienso en que la humildad es la tiranía de lo simple, pienso que la humildad la inventaron los viejos para ser servidos por los jóvenes, pienso, cuando sólo me repito. Pero qué deseo esconde semejante proposición, la de que estamos intoxicados de autoreferenciados; no, no, sí que tiene una ética invalidante algo cristiana, pero hay más, fijate siempre cuál es la fuente que no te deja beber de vos mismo, esa fuente suele decir: “yo sí, tú no” ¿Sería un acto de solidaridad tardía desplazarse de uno mismo y dejarse usar por los que falsean sus deseos? Perdón por la cosicosa esta tan cosicosa ¿El que te propone la no referencialidad, lo hace para reconocerte? O es que al apagar tu onfálo él te sustituye por un antepasado; reconocelos por sus potencialidades dóxicas. ¿Sos consciente de cuánto trabajás para contentar a ese que te proyecta su potencia del No aristotélico? ¿Subyace en esta proposición una promesa de algo? No será, mi amigo, que te están diciendo de un modo y para que te consueles ¡no te quiero escuchar si no eres anodino! ¡No existís en mi zona sino neutralizado tu ego? Yo sospecho de estas fatigas importadas e importantes, te invito a prorrumpirles los tafanarios que esgrimen con la amabilidad de los espléndidos. Una cosa por último, no aceptés convites de irreverentes, el irreverente es el que no tiene obra, pues compartir la silla o la mesa con irreverentes o con importantes es como compartir una maceta con cactus... no recibirás la más mínima gota de riego, el agua eres tú.

Daniel Battilana


viernes, 5 de febrero de 2021

Deseo de pobreza

 

El deseo de pobreza

(Para una metafísica del subdesarrollo: sobre el deseo de pobreza (frag. y axiomas de pobreza)


"No te merecés ser pobre"


Es joven, de unos 22 años, cursa una tecnicatura, una subrama de una especialidad médica. Aparece por privado, despliega una batería de insultos impersonales, de esos que no incorporan a familiares... (no la conozco).Y por último me dice «no te merecés ser pobre» Es maravillosa aseveración de cómo la gente reconoce que sos rico o pobre mediante o a partir de lo que escribís, digo escribís pues no es a partir de las ideas inscriptas en lo escrito, sino en cómo yo escribo en que basa su conocimiento de mi pertenencia de clase, es decir que el prejuicio es cultural de orden intelectual. Así será difícil erradicar la pobreza sin antes tratar el «deseo de pobreza» esa noción instalada en la mente que transforma, identifica y fabrica un tótem social que no reune los requisitos de “pobre” Un pobre rehacio en aceptar que no participa con ninguna característica, salvo la mental (no me refiero a pobreza mental, sino a creencia de grupo) a ese grupo del cual se solidariza sin mimetizarse demasiado. Y dice también “Yo estoy del lado del pobre” Ella, sin saberlo me censura y se vierte revelando el parecido a quién es y qué lugar ocupa: «al lado». Una vez disparada esa secuencia de desactivación clasista del otro, el comportamiento se reduce a un síntoma inescrupuloso: el exterminio conceptual de lo diferente que amenace la existencia del “dueño del pobre”.

Las representaciones de ese “al lado” son las de un invitado acompañante o un colado simulante.

Este es un pobre sub producto de mercado, de mercado político, un no-ser anti social imbuido de la parte que el amor permite que usen para la doble discriminación: una que discrimina el abstracto ajeno y otra, la que segrega con determinismos al otro y a ellos mismos que se segregan selectivamente, son, sí, pobres abstractos que se asisten entre sí resistiéndose a las movilidades de las que supuestamente fueron destinatarios y de los innumerables beneficios que han recibido de los gobernantes. Hay nociones de pobreza que emanan de esa facultad humana de concebir supersticiones, y de esta facultad, en especial el urbanita que se observa tan propenso a las máscaras y a los ritos de sí mismo en grupos sin comunidad.

¿Y quién se merece ser pobre? 

Este urbanita no vive en condiciones de pobreza sino de carestía: la suma de sus objetos no cubre sus espectativas, por esto es que se apropia de la pobreza ajena y la hace rito, la sujeta a los sujetos. Estos grupos creen que no tener coche, alquilar, pagar viáticos para viajar, gastar en comer, usar la misma ropa más de dos años y fundamentalmente creer que sienten lo mismo o parecido a lo que siente su «prototipo de pobre» los hace pertenecer a ese ser sumido en una complejidad existencial y funcional allende su conocimiento. La pobreza romantizada no está lejos del tratamiendo dado “buen salvaje”. El indígena; el peón rural; el habitante de Haití, el negro del Caribe negro me demuestran que éstos no se les parecen en nada. No sirve juzgar suponiendo de que tener coche o motito, casa, estudiar, comer (que no es lo mismo que alimentarse) tener celular y conexión 4G hacen de una persona su condición de «rico» No, se resisten en preservar de tal manera a ese «pobre abstracto que los habita» que no se reconocen incapaces de transformar al otro pobre, el real, el que no conocen pues conocen sólo al pobre que han creado para exculparse, para expiar el miedo a sobreponerse interiormente. Todo esto lo deduzco de ese «no te merecés ser pobre» pues la expresión debe leerse así: ella sabe de antemano qué cosas no se merecen “yo me merezco ser pobre” y esa es una tragedia inconsciente con la cual no podremos dialogar nunca ¿Por qué no podremos dialogar nunca con ese subconsciente colectivo de pobreza abstracta? Pues al inconsciente se le habla con imagenes y la imagen sostenida por la cual luchan empecinadamente es la de un “país-cloaca” un sumidero de precariedad, una sociedad pisada y aplanada resistiendo y haciéndo resistir a cualquier intento de mejora de esa imagen de culto, que es la pobreza. La desenfrenada lucha de clases se aprovecha del impulso natural del egoísmo verticalista de ser en sociedad. A este impulso combativo se le adhieren nociones varias, de las cuales, una, la conservación del pobre abstracto rivaliza con la del pobre real, el crudo, al que “siempre son insuficientes los medios para llegar”. El subdesarrollo despliega esa capacidad de enajenar mediante ideologías, la identificación es una coartada. Por ejemplo, el impulso automático de suponer que se me reconoce por lo que estoy escribiendo, eso es subdesarrollo. Este fenómeno lo aplicamos entre nosotros, pues todos hemos aprendido que leyendo a Bergson conocemos a Bergson.

Así y de tantas maneras el que no se merezca ser pobre no accederá a las dignidades, a los beneficios, a las ficciones merecidas del privilegio.


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Axiomas sobre pobreza y sindrome de Robin Hood


 ¿Y quién se merece ser pobre? Quien se lo merezca será recompensado con pobreza.


Y ¿para cuándo el museo de la pobreza?

 

Al que está pobre se le dice que ES pobre: un modo de estar siendo lo que otros imponen.


Nada que esté puesto a la vanguardia sirve a la retaguardia sino para darle la espalda, en la espalda de la retaguardia están los que no tienen voz.


Cuando se dice «darle voz» a los que no tienen voz no es para escuchar cómo hablan y qué tienen para decir los que nunca hablaron sino para ver cómo repiten lo que escucharon de estos benefactores que en general somos sociólogos, periodistas, filósofos y antropólogos. Una voz nueva implantada en una garganta vieja es defectuosa como la de un loro


Existe el pobre pero existe un pobre sin pobreza, es el pobre abstracto que simula en su mente una abundancia de nada, cuando el pobre no conoce la nada sino como realidad, el pobre abstracto experimenta la nada si sus abundantes facetas sin embargo el pobre real materializa esa nada afuera de sí y su mente es toda sobrevivencia.

 

Existen la pobreza y el pobre, hay una pobreza sin pobre, hay un pobre pobre y una pobreza pobre, ésta última es enriquecida con pobre.

 

Es sumamente dificil y tramposo definir “pobre” se hace claro reconocer: lo que le falta, lo que no tiene, de lo que carece, lo que demanda, de lo que no disfruta, a lo que no accede, a lo que suponen que “sueña”, lo que posterga, lo que ignora, etc, etc. Y todos creen conocer al poseedor de todas estas categorías.

 

No me des “dame” o dame “no me des” Poco a poco comenzará esta demanda.

Se hace difícil llegar hasta el pobre real pues permanece aislado -involuntariamente- por un intermediario de pobre, un sujeto social que simulando ser pobre y sistemáticamente cambia el sentido de toda modificación de la pobreza real transformándola en ayuda, es decir: desactiva cualquier solución que le quite el monopolio del pobre.


Nadie lo dice, no se menciona la existencia de un sujeto culto e instruido que persiste en considerarse «pobre» no es un sujeto complejo sino complicado, filtra y reemplaza a propósito los componentes que lo delatan socialmente, hay profesores, poetas, escritores que lo hacen; grandes simuladores de la palabra, qué notable, usan tecnología burguesa como la palabra y la poesía para propagar falsas nociones de, por ejemplo, lo valioso de permanecer siendo pobre, no, de lo necesario que sería dejar de serlo pues ese permanecer pobre fue un orgullo que ahora es un tesoro de deber ser para otros que no lo son.


Los intelectuales que hacen un culto del pobre parecen «corsarios de la pobreza» Atesoran atesoran y ese tesoro se lo vuelven a quienes tratan de deshacerse de él, el pobre tira la basura y estos mentirosos se la restituyen; este es el complejo de Robin Hood, pero Hood le robaba a los ricos, muy diferente a estos que le roban la basura al pobre y se la arrojan como pobreza.


La pobreza es siempre nueva en cambio el pobre real es siempre antiguo, cuando se da al revés es operación.


Al pobre real se lo reconoce instantáneamente en cambio al pobre abstracto lo debemos leer.


No se me ocurre un tratamiento de cura social para esta patología que sufren tantos, la de intermediarios de pobres o pobres abstractos, pero quizá algún día los pobres logren deshacerse de ellos, así veríamos en su injusta magnitud lo que tiene que ser transformado y a quiénes.


Lo más cercano a ser rico o civilizado es tener derechos, más de los exigidos que de los naturales.

 

El capitalismo como resignación hueca.

 

Nada que insectifique al hombre me es ajeno pues también lo intenta conmigo. Lo ajeno también intenta conmigo...

El que no dispone de sí mismo ¿qué es?


A una inmovilidad social corresponde una movilidad polìtica.

 

Pobre y pobreza en simploké

 

Daniel Battilana

 

sábado, 24 de junio de 2017

Los desaparecidos del relato


Los desaparecidos del relato: cuando los proyectos son sólo proposiciones psicológicas


Los neo-socialismos privados adoptaron para sí una modalidad, copiada de tantas modalidades de sus líderes: no nombrar a sus adversarios o a cualquier persona que consideren contraria a sus procederes, políticas, intereses y estrategias de colecta ideológica. La Argentina quizá no reparó en esta repetición de la tragedia de quitar la identidad al otro, a lo que amenaza a lo regímenes de la política mística. Este no nombrar es también una negación del otro pero es una quita de entidad que empieza con no decir su nombre. Esta privación de la identidad se legitima de arriba hacia abajo, de tal modo que actualmente es una práctica de abuso entre la comunidad del relato. “Si no te nombro no existís” “No te nombro para que seas nada entre nosotros que sí somos” “si te nombro te doy identidad” “La identidad que te quito – silencio- se apropia de cada atributo que alguien entre nosotros pueda tomar como ejemplo” La pandilla no nombra, por temor. Aquí nos tropezamos con una tragedia ideológica cuya clave es la conquista de demandas privadas como si fuesen requisitos públicos y universales para vivir, a esto se sumamos la extinción del nombre identitario como uso del olvido que la masa debe aprender para beneficiar a sus líderes. La masa cree que alguien le puede dar o quitar la identidad nombrando, creer es considerar pero creer no es pensar. Este arrogarse el poder nombrar o desnombrar es una superstición de poder. Esta receta está encubierta por el rito de la ironía y la burla, decimos rito, pues se desarrolla en un espacio controlado, un espacio mental donde el que niega la identidad del otro se erige como poseedor del “sello” de la marca que autoriza a sus seguidores a ver y escuchar lo que ese ser individual tenga en su “sí mismo”.
¿Esto de no nombrar es una estrategia tomada de la izquierda freudiana?
Suelo plantearme la idea de que los absolutismos contagian una bipolaridad anímica que consiste en dos extremos: negación y desesperación. De un punto al otro, y sin estaciones, se puede identificar todo el producto de esta maqueta social, es decir, o niegan como se niega al otro sin nombrarlo o se desesperan mutuamente implantándose profecías de desastre que sólo ellos ven o se comunican entre el grupo como un código silencioso que prescribe nulidad a cada enemigo que conocen y apenas dedican un fragmento o una mueca.
Para tal caso la “brecha” no existe como tal, pues la brecha se identifica con una posición media entre dos hemiciclos más o menos equivalentes. Esa brecha sería el fulcro, el pivote de oscilación entre la psicosis de la negación (de nombrar al enemigo, etc) o de la desesperación. La negación es casi un estado perfecto de calma placentera y su contrapuesto, la desesperación, es un llamado de alerta masivo ante un desastre en el que en general se usa al sujeto “patria” como víctima. ¿Al no nombrar al otro, dónde queda la promesa psicológica de la inclusión? ¿Qué nuevo silenciar del otro traerá la izquierda lacaniana, para mejorar lo anterior? Desplantar a Freud y plantar a un Lacan que re signifique a una izquierda caviar ofrecerá nuevos encapsulamientos liminares para "el sujeto de acá" ese programable sujeto social suspendido en las crispaciones infinitas del vibrante necesitar. (frag).




Daniel Battilana.

jueves, 30 de marzo de 2017

La lengua seca



La lengua seca


Los aztecas escuchaban con cierta molestia el sonido que hablando proferían los invasores españoles. Los aztecas llamaron a la lengua española “la lengua seca”. En unos anales figuran estas desagradables impresiones que tenían cuando escuchaban el sonido rasposo y roto de los españoles hablando. Decían que era una “lengua seca” que servía sólo para mandar, dar órdenes y avasallar. “Allí suena el prepotente, así suena su lengua seca ahogada en órdenes”. Qué maravilla esta observación de quienes lo padecieron directamente y recalaron en este aspecto de una lengua que nosotros repetimos aún, repetimos nuestra prepotencia y soberbia hablando, haciendo sonar la lengua seca del español prepotente. Así nos suena aún a muchos cuando escuchamos el tono y las inflexiones de un español que más de una región o de otra repite al hablar sonidos de mandamás, de un maltratador fonético como pocos. Nosotros los argentinos les sonamos parecido a los centroamericanos, sonamos mandones, altivos. Todavía esa lengua seca se activa cuando un español habla, digo habla y no dialoga, pues su habla suena unilateralmente, es un sargento mandón con un sinfín de frases terminantes y dichas para no ser puestas en duda. El español es una lengua prepotente, explosiva, es un idioma extremo que no acepta desobediencias. “Chillidos, chillidos entre ellos, nos hacen temer sus chillidos”. No es la riqueza lingüística lo que señalo sino que su riqueza es en sí misma producto de una coraza que la proteja, un peto violento que los aztecas oyeron golpear. Por supuesto que cualquier observación será inmediatamente descartada por hostil y no por oportuna, pero el emisor de la lengua seca aún nos trata como trapo cuando nos habla. Toda lengua tiene un ser que la ejecuta y ésta tuvo y tiene un ser que dispensa desdén y mando dominación y dominio, un ser que se blande señor sobre los demás.



Daniel Battilana

sábado, 21 de enero de 2017

La docilidad del común o la tiranía de la humildad


La docilidad del común o la tiranía de la humildad

Acertadamente un amigo me dice que soy un ególatra descomunal.
Suscribo con fruición a esta negligencia no sin desarrollarla en sus oscuros reflejos.
¿De qué manera se resiste a la homogeneidad que imponen mis dóciles compatriotas?
¿Con cuales herramientas se contrarresta la docilidad? ¿cómo sobrevive una escritura? Con la vara de la docilidad se lee lo que todos leen, se dice lo mismo, entonces, dócil amigo ¿como amanuense no te resultaría un ególatra descomunal? entonces cuando había que hacer una consulta atinada, compleja y dilémica ¿sí era falta un ególatra para responderla? ¿cuál parte de esa egolatría es la que te molesta? ¿mi intelecto ególatra, mi poesía ególatra, mis mates ególatras?
O te molesta que yo no sea un zurdo dócil. Vivir sin el escudo del ego parece que no te hace mejor sino más predecible y homogéneo te hace un ciudadano ISO 9001. Ya verás lo que resulta de la complicidad falsa y amistosa de los que cultivan el parecerse, de los que se ufanan de cuidar y conservar la multiplicidad y esconden bajo la manga un darvinista afilado. En cambio tener un amigo ególatra te aliviaba el esfuerzo de aparentar, la función social de simular que «nada en vos se destaca o diferencia entre los demás».
No, no, si alguien piensa de que un ególatra es una especie de andrógino auto suficiente, se equivoca descomunalmente... Esta vez cuando tengas en ciernes la necesidad de una reciprocidad ya tenés allí, y a mansalva, millones de dóciles sin ego cultivando miniaturas y otros cosechando nada, pues nada es lo que alimenta al inseguro ¿quién es más hostil y falsario? ¿El que simula no ser o el que es y te deja ser?
Qué cierto y a tiempo viene este reclamo tuyo que me sella un destino de dócil sin ego como condición de amistad y qué tipo de parácito humano me creés para tomar esa posta que me haría fácil e inofensivo. Todos lo que lean este texto tendrán su oportuno reemlazo de lo opuesto a «ególatra» no así de «descomunal» la envergadura de esta palabra puede poner en evidencia a quién la usó más que a su destinatario. ¿Quién es el tiráno sino el que con una mascara de humildad hace que todos le sirvan? Qué es más peligroso que un humilde y un dócil. Me pregunto ¿cuál es el producto intelectual de la docilidad? pues el producto social lo tenemos a la vista: gente marmota, gente anodina, gente oculta hasta de sí, gente cobarde que huye espantada pues todo le parece agresivo, hostil. 
¿Qué ha producido una sociedades así de gente sin tolerancia al fracaso, gente acolchonada. Es tan básico todo lo que ofrece la sociabilidad pues ¿qué le digo al otro cuando le digo ególatra? ¿creen que le digo lo que dice la palabra? Considero que que màs bien le estoy diciendo "sos diferente y es imperdonable por eso te condeno y te exonero? Es así como los supuestamente inclusivos actúal y ejecutan un acto de segregación.