martes, 16 de abril de 2013
lunes, 25 de marzo de 2013
Falsa por ser exacta (Delacroix)
“Falsa por ser exacta” decía Delacroix, nosotros tenemos,
entonces, que depender de una exactitud especial para cada caso de exactitud y
de superposiciones hacia la exactitud de esa falsedad, vista esta como el
producto de la exagerada precisión de lo real. Símil y de calco, alejarnos cuanto
podamos de la precisión de la explicación, alejarnos de su interior o de las tentaciones semánticas de los exteriores que
pulsan en la superficie de las ideas, no existe la profundidad sino en la
exactitud cuyos puntos de contacto son mera apariencia; está allí viva la llamada
operación de una poesía que relata exactitudes y que sólo recurre a un caso
universal de exactitud, la explicación”
Daniel Battilana
lunes, 18 de marzo de 2013
Lo eterno despoblado o sobre el hierro de la fe
“Lo que llevaba Mercurio en los talones
se lo quitaron para ponérselo en las espaldas
y no pudieron volar"
LO ETERNO DESPOBLADO
Hierro y fe comparten el símbolo de la química; producen en quien blande
uno u otro sin temor al yerro una perfección insondable de deberes y de
sentimientos placebos con la forma de un pasado desbordado de visiones y la
esperanza puesta en el delirio de cultivar gloria sembrando vanidad. Ser
elegido es ser creído.
Tampoco es seria una secta colectiva que se basa en otro culto, aplasta
las facetas enriquecidas del paganismo original, al cual acusa de excesivamente
místico, para llamarse religión de religiones cuando más debiera aceptar el
título de Papismo. Disfraza a sus magos con ropas para no parecerlo y se come a
su primer mártir, cultiva sus propias uvas para el vino vergonzoso con que
imita la sangre que derramó con ejércitos contratados y secó de los cuerpos en
fogatas multitudinarias donde los ignorantes y hambrientos presenciaban los
hechizos de la buena ventura bajo la forma tutelar de una madre que todo lo
corrige por mantener activo el pacto de privilegios de un más allá regulado por
sus apóstoles que fueron llegando uno a uno a la eternidad y no rehusaron
plantar peaje con una especie de San can Pedro Cerbero (humano perro can) de
llavero fácil. Este alguacil de las alturas inquiere acerca del uso doméstico
que cada postulante hizo de la vida que le fue dada por el padre y administrada
por una madre terrena que fió los trastos de la miseria divina a un grupo de
astutos generales del tiempo, teístas del odio que gestan la historia
conveniente del retraso, la hoguera y el castigo de un virus (hay señales
celestiales que lo confirman) que sanará por ellos el pecado de la homocópula,
la lesbocópula y otras impurezas retenidas en el cedazo de la discordia que
quita el sueño al plus papismo internacional.
Una vez que al mono se le impuso el teísmo, un istmo separaría lo
posible de lo sagrado. Una casta popular idolatra así lo invisible creyéndose
distante del mono pagano, todo un ardid hacia la falacia de la revelación. Las
épocas son insuficientes para palmar a esta corredora vestida con la sotana de
la demencia griega, sotana secular en que late el pedófilo alucinado de salvación.
Los romanos temerosos de no tener la primicia de un dios, aparte de
conocerlo, artilugio imposible de los benditos conformes, cavaron catacumbas
con la esperanza de soterrar (plano más considerado sagrado por el panteón
heredado) los altares subterráneos de algo que comenzaban a sospechar de
demencial. Las religiones conquistadas descendieron cohabitantes en los altares
familiares; ésta, la humilde fanática, la golfa poderosa, tomó por puerta el
erario público y continuó haciéndolo en la breve eternidad de veinte siglos por
los que dispensó hostias en las alcancías de que oficiaban los cuerpos de los
fieles que ahorran de su cuerpo físico lo que derrocharán alados en un tal vez
recóndito puesto o atalaya celeste. Las estrellas a modo de fíbula sostendrían
el manto opaco de la noche sideral creando el escondrijo en la confusión
conveniente que aislará a los salvos de los conversos, a la escasa carúncula de
los descarnados, a los encarnados arrastrados al matadero (macelo en este caso)
de la cobardía primaria que es matar lo eterno cuando se mata a un hombre.
Imprimieron que no verían el juicio los que en Sodoma aplicaron el retroceso
para fornicar con las manos (sodomitas distraídos dan por retirada estrecha
carne), decían que los sodomitas, sodofilos, sodopatos, tienen
por espalda el cerebro y por lengua el tracto terminal de quienes paladean sus
sentimientos en la pequeña cloaca del prójimo. Tener por lengua los deseos es
marginarse de halagos. La parte que en Gomorra más valía era el esfinx o
constringere (constringere, vel vincere), el esfínter que oprime y libera sufre
los apremios de un dios que guarda la calamitosa esperanza de ser muerto por
quien responda a su pregunta. Oedipo (escribir Edipo es una ligereza) responde
correcto ante la emoción que le da poder morir vejado por el grifo apretado,
constreñido al deseo de perecer femenino que es descansar. Los sodomitas
“mariposas voluptuosas de la pura noche” expresión que se le carga a Clearco y
recreo en un formato menos lustroso; desconozco, casi con pasión, cuánto duraba
la noche en Sodoma y Gomorra pero la presumo ardua y quejumbrosa.
Era raudo Mercurio que sólo corría (pudiendo volar) cuando aparecieron y
lo desmembraron (desconocían cuán doloroso es tener alas en los talones), igual
al indolente que busca goznes que lo disculpen de desalar a la mariposa.
Hicieron suyo a este dios que inmovilizaron, se prendieron de sus alas sin
saber que con ellas puestas también cargaban con sus atributos, y así son. El
comercio de los hombres deslumbrados de culpa; la elocuencia que habla sin
decir con la fuerza de poder justificarlo todo sin nombrarlo. Por la movilidad
que tiene este metal (mercurio, por esto las alas que lo hacen escurrirse por
el piso) quisieron los ladrones identificarse con él, este atributo les
permitió entrar y salir de cualquier cosa sin que los atrapen. El golpe los
disemina y la memoria de metal los reúne en las mismas intenciones, salvarse ya
quedó atrás. Levitando y sermoneando sellaron en misterios las dudas que
Bizancio discutía para parecer preocupado por la verdad. La historia es un
conjunto de molestias que llaman interpretaciones. Ergotizamos la desventura de
no poder amar.
Qué de las iglesias brotadas de un dios simoniaco que excluye de lo
sagrado lo concreto; ya le rezan desde púlpitos satelitales con la inmediatez
con que el electromagnetismo anatemizado llegó redentor a envolver el mundo.
Unos déspotas, más escolásticos, han montado sus mostradores con la luna
esmerilada que distingue a los bancos. Los templos que universalizan lo privado
del dolor. Los hermanos de culto forman un círculo para exorcizar al que
escamotea el diezmo liberador. Este confesionario de a pie que siembra terror
donde hay necesidad y pondera lo invisible sin saber que la pituitaria ya censó
sin resultados los planos de la existencia material. Son más peligrosos porque
obran queriendo ganar el tiempo perdido, cosa que los diferencia de la madre de
la que se desprenden. La deidad no vive del exvoto de sus partidarios. Los
ulemas solaparon con microscópicas interpretaciones la conveniencia de adaptar
los recursos de su escritura sagrada al beneficio de derrochar la vida de los
otros, los mortales beneficiarios de cláusulas divinas que los asisten en caso
de violenta necrolatría sacrificial. La razón es inmolada y no pretende (hace
que pretende) la recubra el manto espolvoreado de harina ritual, el cuerpo en
trizas. Este oriente desorienta.
Madre,
gama heroica, nombrarte es germinar. Nada tiene un tálamo que pueda compararse
a una hembra incapaz de asustar a sus hijos.
Parece que la fe y su
creencia, parecido aspecto quejumbroso de la libertad que coarta la existencia
del mundo, son ofendidas por cualquier exposición que intente defenderlas. Las
sinarquías se sirven de algo semejante, lo innominado defiende la cuestión
judía haciendo que todos los aspectos de su cultura se confundan con la
conducta que ésta tiene para con sus hostiles, nada más fácil que invertir el
rol de odio inherente a la supervivencia. Mi enemigo me odia; yo no, cuando lo
masacro. Los sinarcas consolidan el poder de la ignorancia con la ideología del
perseguido que no puede nombrar a su perseguidor. La creencia instala misiles,
la fe escudos protectores. Cristianos, judíos y musulmanes son carne y sangre
política de la misma tragedia que trivializa el culto de los profetas; el harén
sin puertas que es el desierto, el pánico, lastre de la libertad, armaron una
bola de miel con amenazas. El níspero dulcifica en la corrupción que la jalea
incita. Las tres son derrotadas tan sólo por lo humano que no ha sido humillado
por la grandeza del pecado que ajusta distancia entre ellas y lo degradado de
sus preceptos, la política es su religión. Hicieron de la ética otro misterio
divino, algo que sólo practica el Dios que lava sus delitos. Los pueblos en inferioridad
de condiciones se constituyen en enemigo para sobrevivir... Unos mueren por sus
creencias, los mejores dotados se entregan a su fe.
¿Quién muere entonces? El que
habla.
Para mí, por decirlo, sea la eternidad despoblada.
Daniel
Battilana
lunes, 18 de febrero de 2013
Sentido del propósito
Quizá para ser
mejor que uno, debería romperse variadamente uno, no sanarse en los demás ¿Qué
sería eso de enfermar palabras? una ingenuidad devenida en torturar
diccionarios, lo necesario para la variadamente es enfermarlas de propósito,
eso que no quieren llamar "sentido".
Daniel Battilana
sábado, 9 de febrero de 2013
Me gusta y detesto
Lo que me gusta: la impertinencia, Chopin cuando
duda para todo profundo, los árboles, las asperezas, la uva, el racimo
polvoriento, las arañas, el queso, el asado, los pies descalzos, mirar en vez
de leer, leer es sólo para entretenerse antes de saber ver, pacer pensando,
pensar con madera, el diamante vegetal, mi barba, el fuego desbaratado en
llamas, las luciérnagas, defender a los insectos tullidos, mirar a esos
insectos eternos en sus segundos, las berenjenas, los ojos de los animales, mi autonomía que es sólo cómo vivo mi inteligencia, la luz del frío, los cactus, las crasas, las
casas pequeñas, las herramientas japonesas, la guitarra, los alfileteros, la
tortilla, las cortezas, conducir, la bicicleta, las locomotoras, el acero, un
piso de tierra barrido, el agua, llorar inútilmente, Ravaissón, Berson,
Marcial, Swift, servirme, cinchar, estar sucio, los animales y las plantas sin quienes
viviríamos en un páramo. Los insectos, el tero, los ladrillos,
los cuerpos, la sangre, la música confundida con un discurso para creer que
podemos dialogar con ella, Korngold, Bach, Bill Evans, ¿Quién era realmente Shubert?
Los bulbos y las válvulas, los amplificadores, los tapes y los vinilos. La
miseria del vino, los tensos adoquines, el cobre, demorarme, el universo del cual
no saldré jamás, los que insectifican al hombre con ideologías, Parménides, los sofistas, lo que no entiendo, la ciencia ficción que es el gran género, los
géneros, las ranas, ser invisible para las palabras, la intemperie, el mate,
las púas, la natación, el helado, los senderos, la deriva, un abrazo, los
perros, los loros, especialmente los perros, que nos hicieron humanos, Spinoza
que duda para convencernos, el amor sin semánticas, las moscas enloquecidas de
ojos, lo que no me representa pues se deja ver, las narices atravesadas por
huesos, la honestidad de los caníbales, la ceremonia del
potlatch, las hojas, las polillas, mirar. La parra, el techo de la uva. Sumeria que lo tuvo todo menos a mí. Los
pulpos, vivos.
Lo que detesto: Al que come pulpo. La gente asustadiza, lo
hervido, los hervidos, los traficantes de elocuencia, los que
leen sin mirar lo que leen, el mármol, los pusilánimes que se arrojan a
la
bondad para no ser, los que aún leyendo no pueden ver, los que se
ofenden para
desentenderse de su responsabilidad, el verano, la violencia del orden,
los
gases militarizados, la sociedad abalorio, los que creen que en el
pasado y el
futuro reside el bienestar, la tiranía de lo simple, lo simple sin
tiranía, la
entronación de lo mucho, lo que parece mucho, la humildad que es una
tiranía que
se hace servir, los tiranos, que tienen las orejas en los pies y todos
se
arrodillan para ser escuchados, dios que tiene las orejas en los pies y
le
gusta el susurro de nuestras rodillas, lo gratuito que parece caro,
pagar por
vivir, suponer que lo invisible es inmaterial, lo que enrarece de
nombre, no
tener todas las contusiones necesarias para maltratar la suerte de los
represores, que gran parte de esa suerte la aportan los maltratados; los
que
riñen con lo que no está escrito, el arte como avatar, el avatar tomado
como
arte, el sueldo como nitidez de la utilidad del hombre, el trabajo que
consume
al hombre, el hombre que no consume su tiempo. Los que se conforman con libertad sin autonomía. Los que discrepan con los
textos subjetivos creyéndolos textos de opinión. Los seres cósmicos de
distante
amor. Los clientes de la consciencia expandida. A nosotros que sumimos
el instinto a la genitalidad. Los que riñen con los vivos pero no con
los muertos. La soja, que se come de una sola vez la tierra que nos
alimentaría para siempre. Los vecinos que miran el piso
buscándome… Yo me detesto cuando creo en las inferencias del pasado, aún
no me
detesto lo suficiente pero me alcanza para estar solo en lo roto.
Daniel Battilana
viernes, 28 de diciembre de 2012
Sobre mí
Me llaman Daniel Battilana, no nací, por eso de lo increado; vine al
mundo por un malabar que hizo mi vieja con el sudor de mi viejo; estaba del otro lado del alambre escribiendo y me trajeron acá donde
además de escribir tengo que leer.
Llegué en febrero, soy eso que llaman acuario… O un tigre de agua, un tigre en la pecera, no distingo bien si lo que veo es el adentro o el afuera de esa pecera; sí, les aseguro que suele mediar un vidrio en todo lo ancho de mi realidad. Entonces acá comprendí qué era eso que se contaba del otro lado sobre que hay dos clases de existencia: el pez y el pescado, uno lucha por no comerse el anzuelo y el otro vive colgado de él. Del otro lado ignoran que aquí hay una tercera clase de existencia, la caña de pescar, pero ningún pez la ve porque vive por debajo de ella; el pescado raramente la ve, pero si lo hace la confunde con dios. Ya me es insoportable estar acá y encima nunca dejé de ser por estar.
Nunca pedí nada, es así que absolutamente todo lo que tengo es de mi señora; nunca pedí a mi señora, eso no quita de que la posea cuanto quiera.
Mi comienzo en la escritura fue con gente muy seria y detallista, nunca hacían reír a la poesía y le hacían unos trajes bárbaros.
Todo llegó tarde en mi vida acá, tuve que traerlo de mi vida allá.
Escribí 7800 poemas en treinta años, yo busco denodadamente uno bueno; hay quienes buscan secretamente uno malo, para hacerme famoso.
Todos se enojan conmigo fácilmente, quieren que yo los entienda: cómo hago eso, a mí me cuesta mucho enojarme cuando me entiendo.
Todos son famosos, sucede que ellos no lo saben; cuando se los digo se vuelven a enojar, dicen que estaban mejor creyéndolo que sabiéndolo. ¿Quién los entiende? Mejor, que vivan enojados y famosos, no ignorados y creyentes.
Allá teníamos un tipo llamado Calímaco, parecía un loco, decía “Un libro grande, un gran mal”. Ahora acá entendí… un libro pequeño un gran bien.
Mis amigos no saben casi nada de mí; es mejor, tampoco saben que son mis amigos.
¿Un consejo final? Puedo dos. ¿Puedo? Fijate si compartís la maceta en que vivís con un cactus, nunca te van a regar. No confundir nunca a Chopin con música triste. Allá de donde vengo Chopin está siempre festejando, nos decía "¡Ustedes no saben la cebolla que les compuse a esos pescados!".
Daniel Battilana
Llegué en febrero, soy eso que llaman acuario… O un tigre de agua, un tigre en la pecera, no distingo bien si lo que veo es el adentro o el afuera de esa pecera; sí, les aseguro que suele mediar un vidrio en todo lo ancho de mi realidad. Entonces acá comprendí qué era eso que se contaba del otro lado sobre que hay dos clases de existencia: el pez y el pescado, uno lucha por no comerse el anzuelo y el otro vive colgado de él. Del otro lado ignoran que aquí hay una tercera clase de existencia, la caña de pescar, pero ningún pez la ve porque vive por debajo de ella; el pescado raramente la ve, pero si lo hace la confunde con dios. Ya me es insoportable estar acá y encima nunca dejé de ser por estar.
Nunca pedí nada, es así que absolutamente todo lo que tengo es de mi señora; nunca pedí a mi señora, eso no quita de que la posea cuanto quiera.
Mi comienzo en la escritura fue con gente muy seria y detallista, nunca hacían reír a la poesía y le hacían unos trajes bárbaros.
Todo llegó tarde en mi vida acá, tuve que traerlo de mi vida allá.
Escribí 7800 poemas en treinta años, yo busco denodadamente uno bueno; hay quienes buscan secretamente uno malo, para hacerme famoso.
Todos se enojan conmigo fácilmente, quieren que yo los entienda: cómo hago eso, a mí me cuesta mucho enojarme cuando me entiendo.
Todos son famosos, sucede que ellos no lo saben; cuando se los digo se vuelven a enojar, dicen que estaban mejor creyéndolo que sabiéndolo. ¿Quién los entiende? Mejor, que vivan enojados y famosos, no ignorados y creyentes.
Allá teníamos un tipo llamado Calímaco, parecía un loco, decía “Un libro grande, un gran mal”. Ahora acá entendí… un libro pequeño un gran bien.
Mis amigos no saben casi nada de mí; es mejor, tampoco saben que son mis amigos.
¿Un consejo final? Puedo dos. ¿Puedo? Fijate si compartís la maceta en que vivís con un cactus, nunca te van a regar. No confundir nunca a Chopin con música triste. Allá de donde vengo Chopin está siempre festejando, nos decía "¡Ustedes no saben la cebolla que les compuse a esos pescados!".
Daniel Battilana
jueves, 27 de septiembre de 2012
En un mundo grande de palabras
“En un mundo grande de palabras que se excusan de tocarse,
abundan los recubrimientos dispuestos a seducir con observaciones fáciles y
rutinarias; el significado se nutre de esta aparente inmovilidad de lo
sustantivo, se desprecia la hermosa y trascendente superstición de modificar”
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