lunes, 18 de febrero de 2013

Sentido del propósito



Quizá para ser mejor que uno, debería romperse variadamente uno, no sanarse en los demás ¿Qué sería eso de enfermar palabras? una ingenuidad devenida en torturar diccionarios, lo necesario para la variadamente es enfermarlas de propósito, eso que no quieren llamar "sentido".

Daniel Battilana

sábado, 9 de febrero de 2013

Me gusta y detesto




Lo que me gusta: la impertinencia, Chopin cuando duda para todo profundo, los árboles, las asperezas, la uva, el racimo polvoriento, las arañas, el queso, el asado, los pies descalzos, mirar en vez de leer, leer es sólo para entretenerse antes de saber ver, pacer pensando, pensar con madera, el diamante vegetal, mi barba, el fuego desbaratado en llamas, las luciérnagas, defender a los insectos tullidos, mirar a esos insectos eternos en sus segundos, las berenjenas, los ojos de los animales, mi autonomía que es sólo cómo vivo mi inteligencia, la luz del frío, los cactus, las crasas, las casas pequeñas, las herramientas japonesas, la guitarra, los alfileteros, la tortilla, las cortezas, conducir, la bicicleta, las locomotoras, el acero, un piso de tierra barrido, el agua, llorar inútilmente, Ravaissón, Berson, Marcial, Swift, servirme, cinchar, estar sucio, los animales y las plantas sin quienes viviríamos en un páramo. Los insectos, el tero, los ladrillos, los cuerpos, la sangre, la música confundida con un discurso para creer que podemos dialogar con ella, Korngold, Bach, Bill Evans, ¿Quién era realmente Shubert? Los bulbos y las válvulas, los amplificadores, los tapes y los vinilos. La miseria del vino, los tensos adoquines, el cobre, demorarme, el universo del cual no saldré jamás, los que insectifican al hombre con ideologías, Parménides, los sofistas, lo que no entiendo, la ciencia ficción que es el gran género, los géneros, las ranas, ser invisible para las palabras, la intemperie, el mate, las púas, la natación, el helado, los senderos, la deriva, un abrazo, los perros, los loros, especialmente los perros, que nos hicieron humanos, Spinoza que duda para convencernos, el amor sin semánticas, las moscas enloquecidas de ojos, lo que no me representa pues se deja ver, las narices atravesadas por huesos, la honestidad de los caníbales, la ceremonia del potlatch, las hojas, las polillas, mirar. La parra, el techo de la uva. Sumeria que lo tuvo todo menos a mí. Los pulpos, vivos.


Lo que detesto: Al que come pulpo. La gente asustadiza, lo hervido, los hervidos, los traficantes de elocuencia, los que leen sin mirar lo que leen, el mármol, los pusilánimes que se arrojan a la bondad para no ser, los que aún leyendo no pueden ver, los que se ofenden para desentenderse de su responsabilidad, el verano, la violencia del orden, los gases militarizados, la sociedad abalorio, los que creen que en el pasado y el futuro reside el bienestar, la tiranía de lo simple, lo simple sin tiranía, la entronación de lo mucho, lo que parece mucho, la humildad que es una tiranía que se hace servir, los tiranos, que tienen las orejas en los pies y todos se arrodillan para ser escuchados, dios que tiene las orejas en los pies y le gusta el susurro de nuestras rodillas, lo gratuito que parece caro, pagar por vivir, suponer que lo invisible es inmaterial, lo que enrarece de nombre, no tener todas las contusiones necesarias para maltratar la suerte de los represores, que gran parte de esa suerte la aportan los maltratados; los que riñen con lo que no está escrito, el arte como avatar, el avatar tomado como arte, el sueldo como nitidez de la utilidad del hombre, el trabajo que consume al hombre, el hombre que no consume su tiempo. Los que se conforman con libertad sin autonomía. Los que discrepan con los textos subjetivos creyéndolos textos de opinión. Los seres cósmicos de distante amor. Los clientes de la consciencia expandida. A nosotros que sumimos el instinto a la genitalidad. Los que riñen con los vivos pero no con los muertos. La soja, que se come de una sola vez la tierra que nos alimentaría para siempre. Los vecinos que miran el piso buscándome… Yo me detesto cuando creo en las inferencias del pasado, aún no me detesto lo suficiente pero me alcanza para estar solo en lo roto.


Daniel Battilana

viernes, 28 de diciembre de 2012

Sobre mí

Me llaman Daniel Battilana, no nací, por eso de lo increado; vine al mundo por un malabar que hizo mi vieja con el sudor de mi viejo; estaba del otro lado del alambre escribiendo y me trajeron acá donde además de escribir tengo que leer.
Llegué en febrero, soy eso que llaman acuario… O un tigre de agua, un tigre en la pecera, no distingo bien si lo que veo es el adentro o el afuera de esa pecera; sí, les aseguro que suele mediar un vidrio en todo lo ancho de mi realidad. Entonces acá comprendí qué era eso que se contaba del otro lado sobre que hay dos clases de existencia: el pez y el pescado, uno lucha por no comerse el anzuelo y el otro vive colgado de él. Del otro lado ignoran que aquí hay una tercera clase de existencia, la caña de pescar, pero ningún pez la ve porque vive por debajo de ella; el pescado raramente la ve, pero si lo hace la confunde con dios. Ya me es insoportable estar acá y encima nunca dejé de ser por estar.
Nunca pedí nada, es así que absolutamente todo lo que tengo es de mi señora; nunca pedí a mi señora, eso no quita de que la posea cuanto quiera.
Mi comienzo en la escritura fue con gente muy seria y detallista, nunca hacían reír a la poesía y le hacían unos trajes bárbaros.
Todo llegó tarde en mi vida acá, tuve que traerlo de mi vida allá.
Escribí 7800 poemas en treinta años, yo busco denodadamente uno bueno; hay quienes buscan secretamente uno malo, para hacerme famoso.
Todos se enojan conmigo fácilmente, quieren que yo los entienda: cómo hago eso, a mí me cuesta mucho enojarme cuando me entiendo.
Todos son famosos, sucede que ellos no lo saben; cuando se los digo se vuelven a enojar, dicen que estaban mejor creyéndolo que sabiéndolo. ¿Quién los entiende? Mejor, que vivan enojados y famosos, no ignorados y creyentes.
Allá teníamos un tipo llamado Calímaco, parecía un loco, decía “Un libro grande, un gran mal”. Ahora acá entendí… un libro pequeño un gran bien.
Mis amigos no saben casi nada de mí; es mejor, tampoco saben que son mis amigos.
¿Un consejo final? Puedo dos. ¿Puedo? Fijate si compartís la maceta en que vivís con un cactus, nunca te van a regar. No confundir nunca a Chopin con música triste. Allá de donde vengo Chopin está  siempre festejando, nos decía "¡Ustedes no saben la cebolla que les compuse a esos pescados!".


Daniel Battilana

jueves, 27 de septiembre de 2012

En un mundo grande de palabras

“En un mundo grande de palabras que se excusan de tocarse, abundan los recubrimientos dispuestos a seducir con observaciones fáciles y rutinarias; el significado se nutre de esta aparente inmovilidad de lo sustantivo, se desprecia la hermosa y trascendente superstición de modificar”

Daniel Battilana

viernes, 31 de agosto de 2012

Hacia valores intangibles aún

"Lo importante es leer lo que nadie lee para poder escribir lo que nadie escribe; este desplazamiento voluntario hacia valores intangibles aún tiene un alto costo; no cuesta nada leer lo que todos leen para escribir lo que todos escriben, lo más intenso es abandonar las estructuras huecas del entendimiento; dispensarse así la minoría del sentido privado de las cosas; éste es mi observatorio, hace muchos años que no escribo, sobrevive la apariencia de tal cosa, sólo esgrafío lo que me ve"

Daniel Battilana

miércoles, 29 de agosto de 2012

Siervas en el papel

“Cuando excito a las palabras, aparecen lujos que no quiero dispensar, lo peor lo dejo para la poesía”

“Sólo puedo vivir exasperando a las palabras, están todas allí para fecundarlas de nociones”

“”Hay una magia culta y otra magia inculta; la primera es la superstición poética, la de los magos poetas, la segunda es el acto previo a poemizar”

“Ah, los aristócratas poetas y sus siervas sometidas en el papel”

Daniel Battilana

miércoles, 30 de mayo de 2012

“Si la poesía proviene de un espíritu diferenciado el culto milimetrado de su aspecto esta dirigido contra su núcleo circunstancial, el aspirante a ídolo es así un aristócrata que murmura sus límites”



Daniel Battilana.