LA MENTE SUBDESARROLLADA, prefacio y fragmento.
“Sin ningún esfuerzo mi mente ya se había impregnado de las nociones que el subdesarrollo me tenia deparado, así, ya, era que estaba preparado para desempeñarme en las ilusiones de su mezquindad y de su encorsetado menester, menester de un plan menesteroso diseñado para asistir a todos de lo tiranos, explotadores, conquistadores, políticos u otras dirigencias y sus verdugos para los cuales mi mente subdesarrollada fue preparada para obedecer, como también obedecemos a la belleza, obedecemos al dolor, obedecemos la voluntad de todos los alguaciles extranjeros y sus encomiendas nacionales. Era que todo lo que creara proyectado en mi y desde mi iba a ser ruin y precario, penosamente conservador, la esperanza del progreso habitaría por siempre países destinados a ser reservas en las cuales los esclavos idénticos a mi solo hacemos el mantenimiento de sus riquezas para un dueño que parece cercano pero en realidad su cercanía ni siquiera se parece a o que pensamos. Mi mente absolutamente feudal podía comunicarse con todos los esclavos, hasta que una vez pensé, y me di cuenta."
“El yo diluye las invenciones del mundo, se reintegra a sí mismo restaurándose una posibilidad, el tú diluye esa noción entronizando la suya propia ofrecida como imposibilidad, esta antinomia envuelve de inexplicable rito lo que no sea vivir en el yo, la repetición de un fenómeno es el hábito fenomenológico de re insertarnos inmaterialmente en las infinitas reiteraciones que somos.
Las plantas hacen algo parecido, la semilla se diluye en la tierra del mundo, se integra y restaura la imposibilidad del fruto, este existe por fuera de la semilla y más afuera el tú de la flor que diluye toda posibilidad de mundo: las invenciones sin diluir son el medio. la inmaterialidad de lo invisible es cualquier semilla, la mente, la materialidad de lo invisible”
Daniel Battilana
jueves, 21 de agosto de 2014
sábado, 31 de mayo de 2014
Inchauspe a caballo de Troya
Inchauspe
a caballo de Troya
Me
pasaron una nota, no es un ensayo, el ensayo suele escuchar, es un
caballo de Troya; a riesgo de que se tergiverse, si el título de mi
ensayo que escucha dice “Inchauspe a
caballo” es porque debemos primero comprender la vastedad del
instrumento “caballo de Troya” esto es, cualquier envase, tenga o
no tenga solidez, tenga o no tenga forma puede servir como eso,
nuestro cuerpo sería el envase de nuestros deseos hasta de la soledad sería el envase, caballo de Troya en
el mundo; un poema podría ser el caballo de Troya de algo sustancial
o insustancial, como la idea o la emoción subrepticiamente entregada
en ese sobre mentiroso... el autor fuerza la inscripción de
Inchauspe como una revelación secreta que en los noventa (a la
poesía de los 90 que ahora está tan de moda diluir como que no
existió tal cosa) parece haber operado desde el núcleo oscuro de la
vida hasta el núcleo oscuro de este y un par de autores más que en
la selección con que ejemplifican lo que les interesa de Inchauspe
es visibilizarse como quien se arrima al piola de la foto; evidencian
así cuánto lo plagiaron, extensivamente y cómo lo usan de "marco
invisible" para presentarse de igual propósito poético y de
calidad. Ver esta estratagema propia de marketing lingüistico, decir
por ejemplo que en Inchauspe no hay psicologismos, decir que la
ausencia absoluta de barroquismos innecesarios y que aunque toda su
obra “está marcada por un yo” ese yo no es psicologista (¡¡¡?).
Con las urgencias que me permiten no pertenecer al mundo de la
cultura, ni al mundo de la música, ni al mundo del arte, ni al mundo
académico, menos al mundo de la poesía, comprendo exhaustivamente
por todas mis no pertenencias que no se ha compendiado aún el
fárrago y apilamiento de “lugares comunes” frases y expresiones
que aunque el incauto pretenda interpretar como coloquiales ponen a
esa poesía siempre a menos de un punto de perder, y no lo hace por
el manejo, el manejo donde la cadencia y el talento protectivo de
Inchaspe le permitió a su escritura cual un anillo de tul... gustar
tanto a esa elite de dormilones y asustadizos poetas. Pobre Inchauspe
si supiera que lo iban a usar como pony
de Troya
para "decir nada" en los 90... O para sacarse una foto con
él previo enjuague y aseo de su verdadera imagen... Porque me
pregunto ¿cuántos de estos “rescatadores” "restauradores de lo sensible de la simpleza" de su obra lo tendría
al intenso y conflictivo poeta de amigo? Hay muchas tiranías y una
de esas es la que viene enfundada de profesores de letras; esta
censura corporativa habla y propugna sistemas de legitimación
asociados a “peaje editorial” que, y se necesitará una
“arqueología” de esta economía cultural, está siendo
condicionante a tener en cuenta para muchos que dejan entrar este caballo de Troya académico en sus obras. Algo más, no nos debe pasar
inadvertido el hecho de que Inchauspe haya editado sólo dos libros,
esto permite aprovechar una aparente homogeneidad y supuesta unidad
de obra para ver una imagen pequeña que les resulta más fácil de
usar como bandera que si fuera una obra heterogénea y vasta, una
tela así no sirve para bandera y da mucho trabajo izar con palabras ¿Cuál sería el envase de lo invisible?
Daniel
Battilana
jueves, 29 de mayo de 2014
Digregar para sucusar
Mi
arte de la digresión es desenfocar la fuerza del saber en ignorar
completamente la poesía, dejar de estar inmerso, salir del inmerso
de su superstición para amenazarla con mi superstición sin
lenguaje, sin lenguaje, con el primitivismo del deseo provocarle
fecundaciones, huevos de sentido, fornicar lo que no se ve de mí
hermafrodizarme contra todos los modos de la belleza aún los
insoportables, disparar perforaciones para hacer balas. La digresión
es vital para que el lenguaje no sepa lo que queremos decir, evitar
que interfiera con la aparente sustancialidad de lo invisible, el
lenguaje es una superficie mágica, una membrana de nueve dimensiones
de la cual habitamos sólo dos, la tercera es la proyección que la
protege de nosotros: la superstición de la poesía. Estamos tan
violentamente enfocados en la conservación de lo que pensamos que
creemos usar la escritura como reemplazo de la memoria, no vemos cómo
se deteriora lo que se conserva, tampoco vemos cómo se degrada la
parodia más temida de esa poesía con todos sus residuos expuestos
cristianismos mécanicos de gramáticas no dimensionales. Para
excursionar y mantenerme adentro del afuera invento una membrana
piadosa, un párpado de polvo, una vitela cáustica y porosa que como
un tímpano de barro ahogue todo antes de flotar y ni siquiera una
burbuja deforme la esperanza de un relieve, la cautela de una
hendija, la rugosidad de un empalme, un objetivo, un lente de agua
una mancha vaciada pueda traspasar y fingirme un interior o el fraude
canópeo de un síntoma haga de cápsula en palabras; poder abrazar
el humo de esa presa inactivada que he esclavizado para que vibre,
vibre incordiosamente como un baldío homeopático, una sucución, un
frasquito lleno de algo que pasó y conservó intras y extras, visitó
las inútiles centralidades de la obediencia. Llegar así al poema
abogadro cuyo número se digrega sin ser detectado por los lenguajes
preexistentes.
Daniel
Battilana
jueves, 20 de febrero de 2014
Las palabras sociales y la tiranía lingüística
Leo
esta cita que es tomada como se toman muchas citas, a la ligera. Los
que escribimos citas, sentencias, aseveraciones, papelones,
paroxismos consonánticos, jugamos con el resorte de la tergiversación.
La
cita dice así: “La profanación de lo improfanable es la tarea política de la
generación que viene.” Es de Giorgio Agamben, quien tiene sus ambiguados cultores, los cultores de los profetas europeos.
La traducción lineal sería que la política que viene deberá profanar lo que la política
que se va ha instituido como improfanable: sagrado, Estado, y todos los
sistemas restrictivos del poder. De más está decir que una política que profane
a otra lo hará con algo que supere a su antecesora, algo peor, una tautología que profana tautología. Pero este no es
un peligro del tipo insustancial sino una profecía de clase, de aristocracia política,
cuando esta tiene la asombrosa manera de iluminar sus mentiras.
En la Argentina las palabras
tienen molde, molde éste reservado a la historia. Antes del molde, ocupan un recinto plácido de ideales. Ambos conceptos, profanación y
profanable producen efetos sensibles, por ejemplo, de que existe la “cosa
profanable” que de él emana es diferente, ¿sería esto nuestra capacidad para violar lo sagrado?, ¿lo sagrado
del otro? Al ser profanadores, ¿violamos con nuestras sacralizaciones las
ajenas? ¿Lo sagrado nos profana? ¿Con qué? ¿Con política? Aclaro, es nuestro
oficio como argentinos, se viola “un valor”. El enamoramiento rapaz por los
términos hace estragos en nuestra semántica popular. Yo llamaba a esto “el
idioma de los arcretinos” una lengua que debe permanentemente explicarse a sí misma,
siempre candente, urgida de justificación, una lengua imposible para la filosofía,
un instrumento para la mentira.
Esta
lengua tiene la capacidad incontestable (pocos se atreven a preguntarle algo) de
sembrarle lengua a quien no la tiene, esto no es alfabetización es
cretinización del diccionario.
Entonces
la tarea política de la generación que viene ¿es profanar? Lo pregunto pues he
visto esta frase seducir a poetas militantes. Yo fui soldado una vez y nunca
pudieron hacer que mi poesía milite. Los más cutres me dirán que intentarán
desalojar un valor con otro, y me estoy perdiendo de esta polisemia
estudiantil.
Sí,
ya sé, el contexto de Agamben es Europa y ¿qué pasa en Europa que no se llame
euróxeno? La palabra profanar en manos del socialismo es idéntica que en
cualquier otra mano. Tampoco voy a creer que al tomar la palabra nos igualemos
en ella. ¿De qué valores nuevos me hablan estos poemas de vanguardia profana?
Importamos
de todo, ideas que no tienen diseño posterior, hábitos que cuelgan, cuelgan de
abalorios yermos que relucen en nuestra armadura de sonseras. A varios europeos
y norteamericanos les compramos toda su producción de favores ISO9000 y de terminología
ISO, creo que les compramos treinta años por adelantado, siempre les compramos
lo que tiran. ¡Qué bien lucen sus cadenas etimológicas, qué bien nos hacen
soñar!
Estos
filósofos italianos son como leer una mala traducción de Heidegger: nadie sabe
lo que está diciendo pero sí cuando lo dice mal. Hubo un par de diarios que
desde su dossier a mansalva idolatraron esta proeza de suponer extranjera
cualquier receta de salvación y de creer no menos nacional cualquier salvación etimológica.
¿Será
que la profanación de la política tiene un carácter sagrado y repetitivo?
¡Querés más! No te alcanza la clandestinidad y la querés
hacer privada.
Y cuando profanes lo improfanable con política quedará muy
claro quién será el acreedor de esta suculenta valentía, pues no será eso que
con orgullo antiguo llamabas pueblo y ahora te hacen llamar y no llamar, así
los sociología inventada por los políticos y el periodismo usado para la
divulgación de sensaciones hablarán por todos.
Habitar un lenguaje impuesto y restrictivo y pensar las
formulaciones de la voluntad política de esos términos que la gente considera reivindicatorios,
impecable patraña, temer el temor lingüístico de un habla hiper sensibilizada
por el control que la política dejó de ejercer y ya lo ejerce el sujeto social
que diseñaron a la medida de la sutil profanación ya anunciada.
Daniel Battilana
jueves, 21 de noviembre de 2013
Falso contacto
Escribir
no visibiliza ni es evidencia del hablar, son dos deformaciones equidistantes,
entre las dos hay un contacto que se establece en recuerdo, la constante
evocación de las sincronías más primitivas se necesitan para sustanciar nuestra
incapacidad de tocar ese recuerdo: el escribir y el hablar entorpecen el mismo
recuerdo, uno recuerda que siempre estuvo vestido y el otro que siempre estuvo
desnudo, nosotros le confeccionamos la ropa a alguien que nunca se la pondrá,
allí, allí mismo estaría la noción de falso contacto: en ser vestidos cuando
escribimos y ser desnudados cuando golpeamos el aire para hacer la voz.
Daniel Battilana
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Telegramas a un poeta joven
Lo
que escribís sin ego es como lo que rezás sin ego: crear y desear con nadie en
los extremos.
Cuando
veas y escuches a gente muy preocupada por “dejar el ego afuera”, “escribir sin
el ego”, ojo, usan eso como ariete de lo que viene detrás: aplastarte como
persona y como escritor.
Que
el único "micrófono abierto" sea tu cabeza, es decir, usá tu
micrófono para escucharte.
Si
leés o escuchás la exclamación ¡¿Cómo lo hace?! En realidad están sucediendo
dos cosas: que el que exclama cree que para hacerlo hay que saberlo y segundo,
que mientras ignore cómo lo hacés te seguirá halagando a gritos, en ambos
casos, el que pregunta no es poeta.
Hay
supermercados y minimercados literarios, también hay banelcos municipales; los
suplementos literarios serían esas vitaminas de papel que te recetan para
mantenerte desnutrido.
Tratá
de no dejar tu ego en la puerta cuando te inviten a leer, no es una pulpería ni
tu ego menos que un caballo.
Cualquier persona que te diga que tiene poemas chinos
traducidos ya tradujo seguramente los tuyos al chino para jamás leerlos.
Un “centro cultural” es una tautología y se explica cuando
ves que te invitan para embocarte el centro.
Siempre me fue más beneficioso mirar donde otros sólo leen y leer donde pocos mirarían... o hacer ambas cosas a la vez como ahora que nadie mira y todos creen leer.
Suele haber mas tapa que libro, se necesita lo que va adentro y que no siempre lo escriba lo que va afuera. Tenemos el desdén para ignorarnos lo que no vale.
Daniel Battilana
miércoles, 21 de agosto de 2013
LA RADIO DEL NÁUFRAGO (Spher y Mentha = experimenta)
“Seamos telépatas, escuchemos nuestros pensamientos”
LA RADIO DEL NÁUFRAGO (Spher y Mentha = experimenta)
Tengo una radio con un grabado en su frente que dice “radio
de náufrago”, temo encenderla, temo escuchar al náufrago que pide ayuda en el
otro extremo. Temo que sea para mí. Temo que nos ayuden. Ambos compartimos los
extremos; sé que alguien teme también encender la misma radio… Al encenderla
hay un desquicio hertziano cuyas delincuencias armónicas al rato de atenderlas
son vivamente riesgosas. Poca vida tendría esta radio en la humedad marina pues
tiene dos válvulas, esto le augura una imposibilidad, un destino infranqueable:
“radio de náufragos secos”. Quiero contar las insinuaciones que aprendí
escuchando esa radio. En la escena del canto noveno de la Odisea, Ulises
(Outis: ninguno) se expone a escuchar a la sirena (razones pobres la suponen
Aglafonos, Spher, y razones ricas la suponen de nombre Toa, Mentha). Spher y
Mentha son a su manera diosas de un ruido cuyo campo muestral (va… un
terrenito) mide entre 20Hz x 20Khz… La emoción que se cree escuchar proviene de
las impurezas, de los parásitos que conviven con las divinas señoras sin
instrumentos. Las sirenas eran sublimes tejedoras de anti redes y ¿de sus
cuerdas? ¿Dónde metían los dedos estas chicas húmedas mal confundidas con
musas? La sirena, cuando es virgen, es como toda doncella, una mujer cuya
capacidad para las hazañas musicales no ha sido distraída por el placer.
Polifemo también estaba capacitado de escuchar a lo lejos a las sirenas y
confundirlas con un instrumento “inmusical”(¿?), pues la sirena sería en sí
misma una tecnología para improvisar en un sistema natural de sextas (no habrá
forma de comprobar esto sino hasta indagar en las razones que prohíben a los
Ciclopes el uso y contacto con las semillas; hay una vitela del siglo tres que
no pude fotocopiar… que especula todo el mundo en sextas o en sextas hijas).
Ser Ninguno o ser Ninguna no es igual a ser una sirena. En el barco de Ulises,
los que reman están protegidos por la cera en sus oídos… En el barco o en
nuestro equivalente “bondi de Ulises” nadie escucha a nadie, es un bondi de
náufragos secos con radios de cera… Ellos serán los que liberan a Outis (nadie)
cuando pase el peligro del canto de las sirenas. También hay sirenos, pero las
cualidades musicales y sonoras de estos son para otra notita. Estos remeros
tienen mucho que ver con los auditorios modernos, tan ocupados en remar, es
decir: el estar ocupados en moverse les permite no decidirse por nada que se parezca a un
náufrago (Outis) que los detenga, observemos la aleccionadora semejanza entre
la palabra outis (nadie, ninguno en griego) y la palabra sajona out-is: is out.
¡No es elegir lo que en verdad hacen sino lo que nunca hacen! ¿Por qué a Ulises
tan afecto a matar cuanta cosa se le cruce ni lo intenta con Spher y Mentha? La
segunda insinuación es cuando Ulises salva a su tripulación en la tierra de los
lotófagos; gente esta comedora de loto y de su flor (el que come el fruto dulce
se olvida de sus inteligencias y de sus negligencias). Parece por trabajos
hechos en el África costera, que los que ingieren la flor del loto escuchan los
sonidos de las semillas (¿) ¿Será que el ruido es una semilla? La tara del
comedor de loto es casi un estado litúrgico, una analogía del hombre lineal, el
homo sicofántico; este glotón aderezaba el loto dulce con menta silvestre
(¿Otra vez el recuerdo de Mentha?). ¿Quién se atrevería a insistirle con lo que
detalla que detalla? ¿Será el destino de los instrumentos digitales ser un
alimento de realidad? La casi última insinuación que arrimo es la escena en que
Lemuel Gulliver visita la isla flotante de Tajara, esta isla flota sobre otra
llamada Laputa; Gulliver observa allí cómo la gente se golpea entre ella con
una bolsita, en la boca, las orejas, y en la cara para cuando necesitan que el
otro les preste atención. En el caso de la aristocracia, ellos utilizan unas
inmensas vejigas infladas que unos empleados llamados “climenoles” les baten
para que vuelvan de sus profundas meditaciones y atiendan a algo o
alguien. Me desvío (me río). Mientras
escribo esto escucho “Les elémens” de Jean-Féry Rebel. Es un registro capturado
en digital por ARCHIVE; el equipo me permite escuchar ciertos ruidos producidos
por la mecánica de los instrumentos ¿grabación de las sirenas? quizá estos
ruidos sean esas impuras semillas de emoción. Creo que el primer minuto de esta
obra es lo que tocaban las sirenas, lo que quiso escuchar el melómano Ulises,
no teniendo un ipod, se tenía que atar a un mástil (¿una antena?). Sí, ese
primer minuto es como si por primera vez alguien hubiese superpuesto partituras
transparentes y creado la primera obra de sonidos superpuestos (no confundir
con polifonía). Es notable que Swift y Rebel sean escandalosamente coetáneos.
Creo que Ulises al llegar a Ítaca (suena a isla policial) no tensó un arco sino
una lira monocórdica, esa única cuerda fue tejida con pelos de Penélope, este
en realidad es el nombre de esa cuerda pene-lope, fue tejida con pelo y cuando
Ninguno hizo sonar esa cuerda se quedó sin antagonistas, privado de enemigos
¡Sin auditorio! Apago la radio, seguro
que quien suplica está seco o está mojado y el ipod para náufragos no le contesta.
Apostillas
¿Spher y Mentha tocaban una música sólo escuchada sin
consecuencias por los Cíclopes?
Al loto es también llamado “el arto” (sin hache)
¿Comedores artos o insatisfechos?
El nombre de Spher se conserva en la nota “redonda”
La intolerancia de Ninguno que es la de todos ¿cegó por ello
a Polifemo?
¿Confundió Ulises el único ojo de Polifemo con su oreja?
Que ese idilio con el ruido no puede durar mucho y acabará
en música desinstrumentada
¿Es como querer convencer a la gente de que eso que está en
las imágenes es pornografía extraterrestre?
¿Es necesario perder la fidelidad a un sistema?
Sistema que se parece demasiado a como concebimos el tiempo.
Nos iluminamos siempre con lo mismo, estamos quizá sólo
confundidos con la intensidad.
Yo me repito, por eso estoy seguro de que si no aparece aquí
lo bueno, aparecerá repetido en otro escrito.
Horror a la armonidad.
Coqueteos con el vacío.
¿Panfóno o Melodisea?
La radio es un arma telépata.
Ruido = semilla = ruin do.
Praktikós de la sinfonía en tres notas.
Dónde está sumergido ¿Un músico táctico?
Yo vengo del mundo de las aseveraciones, mi antídoto es la
interrogación.
La calidad no intoxica, entonces que todo sea entre
náufragos.
Superstición de la música. Superstición del vínculo.
Consolación por el ritmo.
La música es una inteligencia que no puede prescindir de los
sentidos.
Vincular lo invisible a lo sonoro y ahora vincular lo
visible a lo sonoro.
La imagen no consuela.
Qué es una radio de (náufrago)
Si el ruido no habita nuestra prolijidad ¿qué lugar hay para
esa semilla?
¿La sirena es una superpotencia prehistórica o una ilusión
de lo nuevo?
Daniel Battilana
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